25 de Mayo de 2010
A la conmemoración de 75 aniversario del verano de 1936 en Buñuel.
A la atención de: Santiago Mayayo.
Alcalde del Muy Ilustre Ayuntamiento de
Buñuel
Muy Señor Alcalde:
Como usted sabrá muy bien, los próximos
meses de julio y agosto del inmediato año 2011, se cumplen setenta y cinco años
de los días más trágicos de la historia de nuestro pueblo. Cuarenta días que cambiaron muchas vidas.
Hasta la vida misma del pueblo.
La vida de todos nosotros.
La vida.
Aunque muchos mal pensantes piensan lo contrario, yo, estoy plena y fehacientemente convencido de que usted mismo, y la corporación que usted preside, estarán abiertos a hacer lo posible para la puesta en valor y en conocimiento de las generaciones venideras, lo que sucedió en nuestro pueblo en aquellos días. No tengo ninguna duda de que en entre nosotros, nadie desea que se olviden aquellos funestos acontecimientos.
Para que sirvan de estructura del recuerdo, estará conmigo, que para la rememoración de aquello, se han de programar unos actos singulares cargados de verdad y de sentido, a iniciativa de quien quiera que sea. Actos, con los que sin dejar lugar a dudas, se conmemoren estos sucesos de una vez y para siempre… aunque no fuera del gusto de nadie conmemorarlos.
No creo que pueda ser de otra manera:
Un reconocimiento sincero, como nunca se ha hecho antes, que dignifique por parte de las gentes de nuestro pueblo aquellas muertes.
Y a sus viudas que murieron acalladas.
Y a sus hijos que todavía lloran emocionados la muerte de sus padres.
Y a los muchos nietos que en estos días andan buscando a sus abuelos.
Y aunque se remuevan todos los espantos así debe ser.
Y aunque todavía hay mucho miedo, estoy seguro de que así será.
Y tan persuadido estoy, de que tanto usted como su corporación estarán dispuestos a colaborar con la financiación y la organización de los eventos de recuerdo, que se los voy a relacionar a continuación:
La tarde del sábado 23 de julio 2011.
A las cuatro de la tarde de ese día en 1936
habían sido asesinados el alcalde y el secretario del Ayuntamiento en los bajos
de la casa consistorial. Sobre este día de recuerdo, creo que se puede hacer un
reconocimiento de lo que sucedió ese verano, ante los hijos de todos aquellos
asesinados que todavía quedan con vida en el pueblo, Un reconocimiento a
aquellos otros hijos que están volviendo a concluir su vida a la tierra en la
que los parieron. Y un reconocimiento a otros tantos huérfanos que nunca jamás
volvieron a pisar las calles de su pueblo, y que sin duda estarán este día
agradecidos sin que nadie desee que agachen la cabeza.
El acto habría que hacerlo en la misma
calle, en el carasol. En ese punto de la calle en el que pega el sol: por la
mañana, al mediodía y por la tarde.
Allí, al chaparrón de calor, aquel verano, los familiares preocupados
acudieron día tras día: a preguntar sin encontrar respuesta.
A preguntar donde estaban los suyos. A preguntar qué habían hecho con ellos.
A preguntar donde podían ir a recuperar sus restos.
No sé si sabrá usted que a día de hoy, después de que se haya abierto la fosa común del cementerio de Magallón, en el que al parecer había enterrado un grupo de Buñuel, ¡todavía hoy¡ quedan 20 asesinados cuyos cuerpos nadie sabe dónde están, porque se sabe que fueron esparcido por la redonda… pero nadie sabe exactamente dónde.
También es de estricta humanidad que el
homenaje se celebre en la calle, en el carasol, puesto que, aunque no creo que
sea preciso recordar y tener presente, que allí, en el salón de plenos del
ayuntamiento, estuvieron los padres de casi todos ellos encerrados: amenazados
y torturados, durante muchos días. Algunos de ellos estuvieron hasta que fueron
llevados al calvario, y no sería correcto homenajear en semejante cárcel a sus
hijos.
En este acto y en los días siguientes, como un reconocimiento expreso a los hijos de los asesinados y desaparecidos de lo que ocurrió en aquel verano tremendo, se entregará de manera gratuita a toda la persona que lo solicite una obra colectiva titulada:
Buñuel. Verano de 1936. De la esperanza al terror.
Obra de verdad cruenta, de rubor exacerbado, de miedo sostenido, de memoria que atormenta y de recuerdo amargo. Labor penosa de pasar a limpio la tragedia y de leerla a ratos. Obra en la que se relata: aquellos tiempos, aquellas circunstancias y aquellas personas víctimas y verdugos. Una evocación aterradora: unos y otros de nuevo cara a cara, mirándose a los ojos, con las manos desatadas y las pistolas descargadas.
La obra contiene los siguientes apartados:
· Introducción.
Un repaso a la memoria colectiva y selectiva que se ha sembrado en nuestro pueblo en los últimos años.
· Ayer tarde.
Relato de una represión a los familiares y a los descendientes de los asesinados que dura ya más de setenta años. Huérfanos a los que han deslegitimado como testigos de lo que en realidad ocurrió.
· Biografía de Alfonso Marquina.
El alcalde republicano.
Desde los recuerdos de niña de su hija Alicia.
· Asesinato del Alfonso Marquina y Martín Domingo.
Alcalde y secretario del Ayuntamiento. Dos personas nobles venidas de otros pueblos pero que se entregaron al nuestro como si hubieran sido sus hijos. Este hecho todavía sigue vivo en la memoria de muchas personas.
· Ideas Políticas de Fausto Lasheras.
Las ideas sociales que trataron de traer un poco de justicia social al pueblo. Fausto no pretendía en aquellos tiempos ir más allá de que: que no faltara cada día un plato de comida en cada casa del pueblo, independientemente de: de quién sostuviera la propiedad de la tierra.
· La esperanza.
Un repaso al periodo republicano de nuestro pueblo. Años en los que se vivieron días irrepetibles en los que se alimentó el alma buñuelera.
· El terror.
Día a día, los cuarenta días de oprobio.
Muerto a muerto los cincuenta y un muertos sin razón
· Cartas de desamor.
Cartas de una mujer en la que se da cuenta cotidiana de los días más señalados de aquel periodo republicano.
Una obra que dejará constancia a perpetuidad de aquellos días.
La tarde noche del viernes al sábado 26 y
27 de agosto.
Y sin olvidar que en los días que
transcurren del 23 de julio al 26 de agosto fueron asesinados otros 23 vecinos
de Buñuel en distintas sacas, el recuerdo de estos acontecimientos se culminará
esta noche.
Para esta anochecida, habrá una convocatoria
a todos los nietos del pueblo, a toda la generación que nació en los años
cincuenta a setenta, para recorrer las calles del Buñuel más viejo, casa por
casa de los veinticinco hombres y una mujer que asesinaron aquella noche. Paseo
que se dará en el mismo orden en el fueron cargados los inocentes a las
camionetas de la muerte. El recorrido se realizará acompañados de un gran grupo coral. Parando en cada casa. Cantado en cada parada con una sola voz el canto a la libertad del Fidelio de Bethoven traducida la letra del alemán. Aria desgarradora, con voces roncas y broncas, voces como aquellas que debieron sonar aquella noche en la que por la gracia de dios hubieron de subir al cielo 26 almas impulsadas por la fuerza poderosa de un dedo en el gatillo.
Sin duda será una noche de estremecimiento.
Queda sin concretar cómo se puede hacer en
las casas de aquellos otros tres hombres que pudieron escapar, y como se puede
hacer en las casas de los otros tres más, que cuando fueron a buscarlos no
estaban, pero que fueron detenidos al día siguiente y asesinados de inmediato.
Así es como se hará.Porque es de justicia.
Porque no puede ser de otra manera.
Porque muchos querrán que así sea.
En la confianza de que podré contar con su colaboración y que usted contará con la mía, aprovecho la ocasión para solicitar con este mismo escrito: el permiso pertinente para celebrar estos actos en mi propio nombre y bajo mi única y exclusiva responsabilidad.
Esperando sea de su atención.
Muy atentamente.



